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Dictador en el banquillo


Por Asociación Comunitarte

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Tejiendo la memoria


Fotos de Mauro Calanchina…

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¿De qué paz están hablando????


Carta de respuesta parcial al campo pagado “Traicionar la Paz y dividir a Guatemala”, en homenaje a Daniel Pedro, q’anjobal de Santa Eulalia

 
Efraín Ríos Montt-Juicio por Genocidio (Foto: Cristina Chiquin)

Santiago Bastos – Prensa Comunitaria 

 IIlustres Señores y Señoras, signatarios y signatarias de la Paz y del campo pagado “Traicionar la Paz y dividir a Guatemala”:
No sé si ustedes saben que ayer, mientras desayunaban leyendo el campo pagado en que ustedes nos comunican al resto de sus conciudadanos que decidieron que el juicio por genocidio es traición y es peligroso; en esos momentos, más de cuatro mil personas peinaban metro por metro las cumbres de Santa Eulalia, las escarpadas laderas de San Mateo Ixtatán y las llanuras de Barillas e Ixcán, buscando desesperadamente a Daniel Pedro.
No les quiero hablar del juicio que les da tanto miedo a ustedes. Como alguien dijo muy sabiamente ayer, eso es un tema que se está resolviendo en la sala de tribunales y ustedes, que son ilustres e ilustrados ya saben que eso tiene su propio camino, y como demócratas de probadas credenciales que son, sabrán respetar la independencia de poderes.
Yo quiero hablarles de Daniel Pedro. Seguramente ustedes no saben que Daniel es una persona muy conocida y querida en su natal Santa Eulalia y en todo el norte de Huehuetenango, donde lleva años moviéndose y organizando a la gente, primero desde la iglesia católica, después alrededor de los partidos URNG y Winaq,  y siempre a partir de la Radio Jolom Konob’, que fundó, construyó materialmente con sus manos y a través de la cual se conectaba con todos los municipios del área y con los hermanos q’anjobales que residen en el Norte. Ahora estaba luchando en contra de las licencias de explotación minera y de los proyectos hidroeléctricos en la región.
Con sus importantes tareas, ocupaciones y preocupaciones, seguramente ustedes no supieron que Daniel fue secuestrado este domingo 7 de abril. Fue llamado a Barillas con el engaño de impartir una capacitación y ahí mismo desapareció. Por eso, a partir del lunes sus paisanos y sus amigos de los municipios vecinos empezaron a buscarle cada vez más preocupados. Pero se han cumplido las peores expectativas: mientras escribo estas líneas, el facebook se llena de noticias sobre la aparición de un cadáver en la aldea Ya’ Tz’ikin, a 20 kilómetros de Santa Eulalia, que según todos los indicios, es el de Daniel.
En los comunicados que han salido estos días, la gente de Santa Eulalia responsabiliza “a las empresas Mineras e Hidroeléctricas que están implementando sus proyectos a cualquier costo en la Región” de lo que pueda ocurrirle a Daniel. Y en esas percepciones, la gente no suele equivocarse. Así ocurrió en Barillas, cuando todo el mundo en el pueblo culpó de la muerte de don Andrés Francisco Miguel el pasado 1 de mayo al personal de Hidro Santa Cruz, y apenas un mes después el MP detuvo al jefe de Seguridad de la empresa por ese delito.
Ante estos hechos, yo querría preguntarles: ¿es ésta la paz de la que ustedes hablando?  ¿ es ésta la paz que “traicionan” los que piden que el tribunal haga justicia? ¿Se refieren a la “paz” que se vive ahora en Santa Eulalia; a la que viven los vecinos de San Rafael Las Flores que fueron golpeados y detenidos en el Escobal; la que se respira en Santa María Xalapán después del secuestro de cuatro dirigentes y la muerte de uno de ellos;  la que sienten en La Puya con las amenazas continuas a su plantón pacífico? ¿Es la “paz” del Polochic, Totonicapán, Camotán, San Juan Sacatepéquez, San Miguel Ixtahuacán, del mismo Barillas? ¿A eso se refieren al hablar de “paz” –y eso que no entramos con los asaltos, zetas, coyotes, maras, asesinatos de mujeres y demás actividades? ¿O se refieren a la paz que viven ustedes en sus despachos corporativos y en sus condominios blindados?
En un foro recientemente llevado a cabo en la UNAM, en ciudad de México, el sociólogo Carlos Figueroa Ibarra planteaba que la situación vivida en los últimos meses en el país se podía calificar como de “terror selectivo” generalizado, similar a la que se vivió en la segunda mitad de los años 70 del siglo pasado, justo antes del “terror generalizado” que se implantó después y llevó al genocidio que según ustedes nunca existió –o que si existió, creen que es mejor olvidarlo.-
¿Es ésa la paz que ustedes quieren defender a toda costa? Aclárenlo, por favor ¿Se refieren a la paz de los secuestros, los presos, los desaparecidos y los muertos? Creo que es necesario que sepamos a qué se refieren ustedes. No puede ser casualidad que se esté juzgando un genocidio mientras mueren y desaparecen líderes como hace treinta años.  ¿Qué ha pasado en este país  para que todo esto vuelva a pasar delante de nuestras miradas y gente como ustedes se niegue a reconocerlo? O mejor ¿qué es lo que NO ha pasado? ¿Qué ha significado finalmente esa “paz” que ustedes tan valientemente defienden?
Ustedes, tan ilustres e ilustrados, y que conocen tan de cerca la historia reciente de este país quizá nos puedan explicar qué intereses sienten tan amenazados con el juicio histórico que nos permitirá conocer una parte de la verdad que oculta este país y que duele tanto a tanta gente, como para que tengan que acudir a Ustedes, para que con su alto prestigio y sus altas calificaciones digan  que el juicio es peligroso para la ¿paz? del país.
Pero sobre todo, lo que me gustaría de verdad es que nos explicaran a todos y todas los guatemaltecos, con esa sabiduría que ustedes tienen, a qué intereses amenaza gente como Daniel Pedro, con su andar continuo y su hablar suave. Qué gente, empresas y gobiernos se siente tan inseguros ante estos líderes, para que tengan que acudir a Ustedes para que les laven las manos con su docto jabón de la asepsia de la paz firmada, esas manos que están manchadas de sangre desde hace por lo menos treinta años  y que se siguen manchando con la de gente como Daniel –que esperemos descanse en paz, ahora sí.

CORAZÓN IXIL – CAMBIA LA ESTACION


Por Fernando López.

Fueron cuatro los colores y los rumbos
cuatro ríos caminando hacia los mares
con sus aguas floreció nuestra conciencia
como pueblos ancestrales en la historia
Los abuelos sembraron la resistencia
siglos antes de la farsa del pecado
Desde entonces vuela en alto la utopía de avanzar y resistir
y desafiar a los engendros de la muerte y su peste de miseria

Pero hoy cambia la estación, cambia la estación, cambia la estación
Estación ixil, Estación ixil de la primavera
Llevo el corazón, llevo el corazón, lleno de emoción
Corazón ixil, Corazón ixil de la resistencia.

Benditos sean los labios amorosos
en el beso a nuestros muertos en la huida
rojos los latidos de la sangre
que corre vena despertando la memoria
sigue viva ante la estirpe envenenada
de los que alientan el odio y el olvido
Porque rojo es el color de la utopía del inmenso corazón
que desnuda a los señores del racismo de conciencia ensangrentada

Porque hoy cambia la estación, cambia la estación, cambia la estación
Estación ixil, Estación ixil de la primavera
Llevo el corazón, llevo el corazón, lleno de emoción
Corazón ixil, Corazón ixil de la resistencia.

Bendita sea la sal que ungió la vida
en las nocturnas caminatas de la sierra
pues las bestias son valientes en el día
pero de noche le temen a las estrellas…!
Y benditas las mujeres de la tierra
que llevan nombre de flor, de paz y luna
Porque roja fue siempre la persistencia de entregar el corazón
que hizo florecer de nuevo nuestro sueño de igualdad en el planeta

Porque hoy cambia la estación, cambia la estación, cambia la estación
Estación ixil, Estación ixil de la primavera
Llevo el corazón, llevo el corazón, lleno de emoción
Corazón ixil, Corazón ixil de la resistencia.

Sigue siendo rojo el sol de la mañana
en el monte que da amparo a nuestra lucha
Rojo en el color de los tocados
y huipiles de mujeres aguerridas
que supieron desde la densa neblina
inspirarnos con su luz y su ternura
Porque rojo es el color de la utopía de su inmenso corazón
que ha bajado desde la tierra arrasada a nombrar al genocida

Porque hoy cambia la estación, cambia la estación, cambia la estación
Estación ixil, Estación ixil de la primavera
Llevo el corazón, llevo el corazón, lleno de emoción
Corazón ixil, Corazón ixil de la resistencia.

Mujeres maya ixiles: ejemplo de dignidad y persistencia


Por Lucrecia Molina Theissen

El 10 de mayo de 2013 en Guatemala es una fecha que pasó a la historia. Ese día, en el que se celebra a las madres en una fiesta comercializada y patriarcal, el Tribunal A de Mayor Riesgo, condenó al ex general Efraín Ríos Montt a ochenta años de prisión inconmutables por genocidio y delitos contra los deberes de humanidad. El que una vez fuera el hombre más poderoso del país, el jefe de una cúpula militar que llevó a la práctica el plan de exterminio del pueblo maya ixil, fue hallado culpable de la muerte de 1 771 mujeres y hombres de todas las edades. En la perversa lógica contrainsurgente, fueron configurados como enemigos a quienes debía exterminarse para erradicar su voluntad de lucha contra la opresión y el despojo. La acusación del Ministerio Público y las víctimas sobrevivientes, agrupadas en la Asociación Justicia y Reconciliación (que tuvo el apoyo de organizaciones de derechos humanos y sus equipos de abogados/as), estaba dirigida, además, al ex jefe de la G2 (inteligencia militar) que salió absuelto y otros dos militares que no se presentaron debido a motivos de salud.

El 19 de marzo se inició la tercera parte de este proceso judicial en un país en el que los terroristas de Estado se aseguraron la impunidad de los más ominosos crímenes. En la sala de audiencias de la Corte Suprema de Justicia ocurrieron milagros. El 2 de abril Elena, Juana, Ana, Carmen, Margarita, otra Ana, Magdalena y otra Magdalena, envueltas en sus rebozos coloridos, jardines caminantes, se presentaron ante el tribunal de juicio con los rostros cubiertos. Las que entonces fueran proscritas, perseguidas, objetos deshumanizados asesinables, llegaron desde Nebaj, Chajul y San Juan Cotzal ataviadas con sus trajes prohibidos. En su idioma, también prohibido, despacito, conteniendo las lágrimas, echaron a volar tales congojas que se oscureció el cielo. Por primera vez, públicamente, se conocieron los actos inhumanos a los que fueron sometidas, todos ellos bajo la etiqueta de violencia sexual. De sus pechos, volcanes dormidos, en erupción sanadora brotó la lava de verdades horrendas guardadas por treinta años.

Sus testimonios sobre las torturas y los asesinatos de sus padres y hermanos, las violaciones y maltratos terribles contra sus madres, hijas y hermanas y la esclavitud sexual y laboral en las que se les sumió a las sobrevivientes, fueron piedras cayendo sobre los techos de las buenas conciencias oligarcas. La ceniza que brotó de sus bocas oscureció las estrellas de los generales, recibidas en guerra de cobardes ensañados con la gente más humilde e indefensa: las niñas y las mujeres de maíz, cuyos cuerpos, dadores de vida, fueron transformados en doloridos territorios de la muerte.

Jazmín Barrios (al centro) presidió ayer la audiencia de resarcimiento a las víctimas de genocidio. Foto Rafael Rosales/s21Al frente las escuchaba otra mujer: la jueza Iris Jassmin Barrios Aguilar, presidenta del tribunal, que con dignidad y valentía admirables se mantuvo firme e imbatible ante los ataques de la defensa. Misóginos y racistas, los abogados no cesaron de intentar debilitar su autoridad y su entereza moral vociferando en la sala o con decenas de argucias jurídicas sin ética alguna, a las que continúan recurriendo para evitar que la sentencia sea ratificada por los tribunales superiores. El tribunal está integrado, además, por Patricia Isabel Bustamante García y Pablo Xitumul de Paz.

Este proceso fue posible también gracias a la decisión de Claudia Paz y Paz, la fiscal general de la república, que desde su puesto ha resistido los ataques rastreros de los militares y sus cómplices, que siguen afanándose por deslegitimar su desempeño. Desde antes y con otros procesos, otras mujeres han abierto el camino con su tenacidad y su exigencia de justicia. A mi mente llegan los nombres de Aura Elena Farfán, Helen Mack, Rigoberta Menchú, Rosalina Tuyuc y Blanca Rosa Quiroa, entre millares de hermanas, hijas, esposas y madres de las innumerables víctimas asesinadas, masacradas, torturadas o desaparecidas en la vorágine del terrorismo estatal. Tampoco puedo olvidarme de mi madre ni de su hijo desaparecido, mi hermano, cuando solo tenía 14 años.

Estos hombres viles, y muchos otros que ojalá sean llevados al banquillo de los acusados, que escucharon imperturbables los testimonios de sus víctimas, fracasaron en su intento de acabar al pueblo maya ixil “hasta la semilla”. Ante ello, cobra sentido el verso del poeta Otto René Castillo, asesinado en 1967 por otra generación de genocidas, “nada podrá contra la vida porque nada pudo jamás contra la vida”.

Fue vida lo que aconteció en los treinta días que duró la tercera etapa del juicio por genocidio, junto con el anhelo visceral de justicia sostenido por la dignidad de las mujeres y hombres ixiles que se atrevieron a romper el silencio y, afrontando el olvido, el rechazo, el odio, el racismo, pusieron a prueba dos visiones de mundo: la de la justicia y la verdad y la de la impunidad y el cinismo. Otro país deberá surgir después de esto, uno en el que se haga realidad el “nunca más”, en el que pasito a pasito derrotemos el modelo excluyente, oligárquico, patriarcal y racista que ha prevalecido desde hace más de 500 años, para construir un país en paz en el que la vida sea un valor sagrado.

Temporal de justicia


Por Ilka Oliva.

No, si no ha llovido por gusto en mayo. No por gusto florea el izote y el tamborillo, no por gusto reverdece el zacate y no por gusto las libélulas se enfilan hacia la quebrada. No por gusto se despiden las chicharras con un sonoro canto silvestre. No por gusto los charcos y los lodazales. No por gusto es el mes de la siembra, el mes de la fertilidad de la tierra.

Un diez de mayo inolvidable. De chiripa, carambola, temblorina, apocalíptico, capicúa. Un diez de mayo de un dos tres chiricuarta por mí y por mis amigos, de esos amigos niños, adolescentes que desde la negrura de una fosa clandestina corren en el juego de la libertad.

Insólitamente hermosa es la prosa de la justicia cuando se desnuda en sutileza ante un pueblo que ha clamado sus versos más sublimes, durante siglos.

No, si el temporal no es por gusto el agua lava las heridas porque es agua caída del cielo abrazada por las nubes que han sido testigos de tanta atrocidad.

Engranizada para hacer retumbar hasta la más seca quebrada de injusticia y desaliento.

Un diez de mayo poéticamente lozano la semilla volverá a crecer no existirá jamás tierra arrasada que no retoñe la raíz de un nuevo amanecer.

Ningún fusil que robe el suspiro de la vida en albedrío.

Se escucha en el viento el eco de cantos de todos aquellos, de todas aquellas que en la sombras de las desapariciones forzadas hoy elevan las voces en trovas de ventura y bonanza. Se siente el latir de sus corazones en cada gota de lluvia. No han muerto, son inmortales, perennes flores en los zacatales.

Hoy majestuosamente honrado el diez de mayo hace loor a la fecha, honrar a la mujer madre: la madre de hijos e hijas desaparecidos, madres de crías a las que se las tragó el genocidio, madres que hoy prueban por primera vez el sabor de la sal de una lágrima de sosiego, de tranquilidad, una lágrima que permite un respiro, un descanso bajo la sombra del pino.

El mes de la lluvia ha mojado la tierra árida, desértica, ultrajada, manchada de sangre seca que derramaron las oquedades de niñas y mujeres violadas por el hermano soldado que nos las respetó. La sangre de vidas truncadas en la ferocidad y el ansia de asesinos disfrazados de seguridad.

Cantan las aves, entona el riachuelo las coplas de un nuevo nacimiento en el corazón de la montaña, agua cristalina que nutrirá hasta el alma más golpeada por el puño genocida.

En la urbe las paredes bajo siete capas de pintura guardan tranquilas los recuerdos que hoy en grafiti van a expresar.

No, si en mayo no llueve por gusto. El temporal no es pasada de nube. Nos ha caído una borrasca de justicia, ¡salgamos a mojarnos!

Por quienes hoy aun anónimos ocultos sus cuerpos en más de una cuneta en las calles del país, aplauden la memoria histórica, la honradez, y lucha implacable.

Salgamos a mojarnos por quienes lloraron sangre en los centros de tortura. Por quienes hoy no pueden abrazar a sus madres, conversar con sus padres.

Por quienes hoy dejan de ser invisibles en el paso del tiempo y han tomado las calles, los caminos y los cerros retornando a sus hogares convertidos en lluvia y niebla llamadas: justicia. Salgamos a mojarnos por los miles que desde el amargo exilio han bebido la hiel del destierro obligatorio, consecuentemente por salvaguardar sus vidas.

No, si en mayo no llueve por gusto, tampoco por gusto florea el izote, el güisquilar, y las guías de ayote, es porque pronto darán los frutos de estas largas décadas en busca de la justicia que dejó de ser botón. Salgamos a mojarnos que esto no es un chaparrón. Tampoco visión de espanto en madrugada, créalo en Guatemala se empieza a respirar la bruma de la justicia en el colorido mes de las flores.

Salgamos a mojarnos por la memoria histórica, por el corazón latiendo de quienes hoy desde alguna nube convertidos y convertidas en gotas de lluvia nos abrazan.

Por ellos y por ellas que son el arcoíris que nos recuerda que después del temporal el cielo escampa.

¡Sí hubo genocidio y ha sido comprobado!

Aún falta acabar con el gorgojo de la milpa enjilotada para poderla ver mazorca, así mismo tirarle el chilate a los coches que ya se empieza a shuquear, hoy se tiró el primer guacal aun faltan otros toles y tinajas. Y muchas mazmorras por llenar.

Gracias a quienes desde siempre han luchado, a las chicharras de más de un verano, a los gorriones de pechos amarillos, y a quien desde su plataforma se ha mantenido firme sin respiro en la búsqueda de la justicia. A ustedes gracias por dejar a las generaciones nacientes el ejemplo de la honra y la frescura de la memoria histórica con el otro rostro de la verdad.

Guatemala: Las mujeres imprescindibles en la lucha por la memoria


Publicado en Periodismo Humano

Por Quimy de León

Prensa comunitaria

Eran las tres de la tarde cuando entré a la sala de vistas de la Corte Suprema de Justicia. Estaba llenísima de gente, eran cientos de personas, ni siquiera puedo decir cuántas. Había luchadoras sociales de toda la vida, también jóvenes, muchas de ellas provenientes de diferentes puntos del país; había presencia de comunicadores sociales, periodistas tanto nacionales como prensa extranjera; también hubo familiares de militares que vociferaban mensajes de odio. Había tanta tensión que hasta se podía oler y tocar.

Al entrar en la sala, me encontré con amigas, con quienes nos hemos acompañado y coincidido en esta lucha que es la vida y es de toda la vida; entonces me sentí más tranquila, segura de que todo esto es mucho más fácil si caminamos juntas.

Las mujeres y hombres del pueblo Ixil, con su presencia nos regalaron la posibilidad de entender cómo se teje delicadamente y con paciencia el rojo con verde, blanco, rojo, azul, morado y amarillo que es la fuerza de la memoria llena de voces, silencios, dolor, lágrimas, insomnios, sueños, convicción, paciencia y dignidad que no olvidaremos jamás.
Había mucho calor, la tierra acababa de temblar y las nubes grises que cubrían el Palacio de Justicia y la torre de tribunales anunciaban que pronto vendría algo más que lluvia. La tierra estaba lista para recibirla y nosotras también.
Eran muchas expectativas de lo que ocurriría, nerviosismo, ansias y esperanzas. Aunque deseábamos y sabíamos que se haría justicia, también había temores y dudas; hay un dicho que siempre repetimos, que en Guatemala se han visto muertos acarreando bultos, es decir que puede pasar cualquier cosa.
Y es que, como es común, circulaban muchos rumores acerca de que la defensa de los dos militares juzgados, interrumpirían y evitarían que se dictara sentencia, que moverían su poder, que aparecerían con un papel que lo arruinaría todo.Yo no era capaz de ser totalmente consciente del momento que estábamos viviendo, ni siquiera de todo lo que estaba sintiendo y percibiendo, sólo sabía que por toda mi historia, nuestra historia, debía estar ahí presente.
Como comunicadora, grabadora y cámara en mano caminé y bajé hacia donde se ubicarían las juezas y el juez, hacia el lugar en donde se reafirmaría lo que los pueblos hemos dicho hasta el cansancio: que sí hubo Genocidio. Por eso decidí no separarme de ese lugar: quise escuchar a un metro de distancia, documentar, registrar con mi cámara, con mis emociones y con mi memoria ese momento.
Cuando la jueza Jazmín Barrios leía, pronunciaba la sentencia, mis oídos no terminaban de enviar señales al cerebro, imaginaba, recordaba, pensaba, pero principalmente sentía. No hablé con nadie, no pronuncié ninguna palabra, no podía.Cantar en la sala  “aquí no lloró nadie, aquí solo queremos ser humanos…”  fue como una pomada que lavaba las lagrimas que poco a poco nos permitirán descansar, detenernos un poco para seguir y tomar más fuerzas.
Reafirmar que hubo Genocidio es un reconocimiento de dignidad para quienes entregaron su vida y para quienes la dedican a dignificarles. No era alegría lo que sentía, era tristeza, dolor, eran recuerdos, era un poco de tranquilidad, era un poco de justicia.Pero también rabia de saber que en este mismo momento se continua justificando el uso de la violencia estatal para imponer el modelo económico que acumula riqueza; y que para hacerlo pareciera que no están dudando en repetir los mismos actos que hace treinta y un años.
Hoy en mi país hay miles de personas amenazadas por la presencia patriarcal, autoritaria y violenta de empresas y ejército; decenas de personas presas y perseguidas políticas, existe represión y militarización Hablo de los hechos ocurridos el 9 de mayo en Barillas y San Mateo Ixtatán, el estado de sitio en cuatro municipios del país, las comunidades desplazadas como la del Centro Campesino en Petén y decenas de personas asesinadas como Daniel Pedro por decidirse a defender la vida, el agua y el territorio, que amenazan empresas nacionales y trasnacionales con el apoyo del gobierno.
El reconocimiento de que si hubo Genocidio en Guatemala es un paso importante para la lucha por la memoria, la impunidad y la verdad; en donde el papel de las mujeres es y ha sido imprescindible.
 Este juicio también dejó evidente la disputa del sistema patriarcal por mantener su hegemonía, que se expresa en la dominación masculina evidente en las acciones violentas de hombres de la clase dominante en su mayoría criollos y ladinos, funcionarios de gobierno desde el presidente (ex kaibil señalado también en este juicio) militares, representantes de las cámaras de empresarios y finqueros, dueños de medios corporativos, operadores politicos, abogados bigotones, gritones y misóginos.  Todos ellos en un pacto patriarcal, dispuestos a encubrir los crímenes más atroces cometidos por todos ellos.
Todos ellos acostumbrados a manejar el país, las leyes y a la población, principalmente a las mujeres y a los pueblos indígenas, con impunidad y por la fuerza.
Desataron una campaña de terror, chantaje, manipulación y criminalización misógina y racista, hacia  las mujeres como la Jueza Jazmín Barrios, las valientes mujeres ixiles que denunciaron las atrocidades cometidas en su contra como la violencia sexual, las feministas, defensoras de derechos humanos y de los pueblos indígenas, mujeres indígenas, mujeres de izquierdas, periodistas de Guatemala y de otros países -estas últimas señaladas de financiar y promover el juicio por genocidio.
Por los testimonios de las mujeres ixiles y peritas que analizaron los crímenes en contra de ellas y otras miles que no pudieron expresarse en este juicio, quedó clara la amenaza que han significado las mujeres para quienes han ostentado el poder y la intención de someternos hasta el exterminio.
Una mujer que piensa y habla siempre ha sido una amenaza. En este caso la sienten desde sus estructuras de poder más profundas, por lo tanto este juicio podemos considerarlo también un avance en la lucha contra el patriarcado.
Creo que inicia una etapa en nuestras luchas en donde debemos reflexionar la historia y la memoria también desde la perspectiva feminista, evidenciar los crímenes de odio desde los cotidianos hasta los estructurales y garantizar que no queden impunes, nunca más.
Quise recoger este momento histórico en los sentimientos  y emociones de algunas de éstas mujeres valientes, a escasos minutos de que la Jueza Jazmin Barrios terminara de leer la sentencia; la sala de tribunales, el país entero, la tierra, el cielo y nosotras nos estremecimos.
Les invito a escucharlas y a compartir con nosotras un pedazo de esta historia: